Mostrando entradas con la etiqueta Amigas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amigas. Mostrar todas las entradas

sábado, diciembre 26

El después de

Saqué una mano por debajo de la campera blanca con tres rayas y me corrí el pelo de la cara. Intenté poder abrir los ojos con el sol golpeándome entre las cejas y un centenar de bueyes pisoteándome el cuerpo entero.
No lograba comprender cómo había llegado hasta ahí, y por qué Juan me tenía entre sus brazos como si fuéramos una pareja de hacía años que encajaban a la perfección en ese sofá.
De la noche ni un recuerdo. Al menos no en ese instante en el que quería reacomodar ideas y ninguna imágen nítida venía a mi cabeza.

- Bueno, parece que por fín voy a poder salir de abajo tuyo...
- Eeeh, mmm, sí.. ehh perdoname, no entiendo nada.
- Tampoco parecías entender mucho anoche.. quedate tranquila, sólo te traje y me pediste que me quedaras porque tenías miedo de dormir sola, por eso lo hice. Juan me miraba con esos ojos tan dulces y hablaba con voz tan firme...
- Está bien, no te preocupes, disculpame... Andá si querés, ya estoy bien.
- Sí mejor, ya deben estar todos en la playa... Te aviso que las chicas se fueron con mis amigos, ahí te dejaron una nota.
- Ay si gracias, disculpame, no sé que decirte
- No te hagas drama. Yo me voy a cambiar y me voy para la playa, te espero?... Su tono era siempre calmo, yo hubiera estado de los pelos si alguien me hacía perder todo ese tiempo durmiendo mientras todos estaban divirtiéndose en la playa
- Eeeeh mmm, no... bueno, mejor sí, a ver si no las encuentro. No, no, ya te hice perder todo el tiempo... andá tranquilo, ahora voy.

Sonrió, levantó su campera y antes de salir dijo: - En 20 te golpeo, si estás lista, vamos juntos.
Le sonreí con ganas.
Caminé al baño, con el dolor de cabeza latente y una pila de preguntas. Me lavé la cara, los dientes, miré mis ojos totally destroyed!.
Me vestí lo más rápido que pude y agarré el bolso guardando las cosas que iba encontrando, no estaba para ponerme a ver qué llevar y qué no, todavía podía sentir el olor del alcohol en mi nariz.

Cuando Juan golpeó la puerta, ya estaba casi lista. Agarré un juego de llaves y salí pidiéndole disculpas. El se mostró muy amable, para nada enojado, y no vi en él ninguna intención más allá de ser caballero y llevar a la pobre chica borracha hasta su departamento.
Caminamos las cinco cuadras que nos separaban de la playa mientras nos empezábamos a conocer. Me hizo un breve resúmen de lo que había sido la noche anterior y de cómo le pedí que me llevara y que se quedara conmigo.
Él era tímido pero se mostraba desenvuelto, y yo me limité a contestar con monosílabos y sonrisas porque seguía muy mareada. Fue un momento grato de todas formas.

Ni bien bajamos la pasarela de la 125 vimos a todos sentados en círculo riéndose y compartiendo unos mates. No, a todos no. Pino no estaba. Otros tampoco, pero fue al primero que busqué.
Nos sentamos también y enseguida Pri se acercó con disimulo, teníamos mucho de que hablar...

jueves, diciembre 10

Esa primera noche

De esa noche tengo recuerdos-bache-recuerdos... Rememoro todo con el diario de vida que llevaba en ese entonces, pero una gran parte de los hechos no están ni en mi memoria ni en el cuaderno.

Todos empezamos a hablar, a hacer chistes, a cantar a los gritos y debatir el lugar al cual íbamos a ir. Parecíamos un gran grupo de amigos de siempre.

Matías fue el primero en entrar en confianza con todas... es de esas personas que no pueden caerle mal a nadie, que vive haciendo chistes, noble y generoso, con una chispa especial. Enseguida estábamos hablando como si nos conociéramos de siempre y ya habíamos encontrado códigos en común. Al día de hoy, lo siento como uno de mis grandes amigos, me conoce tanto y lo conozco tanto, que realmente es como si nuestras vidas se hubiesen cruzado desde el momento en que pisamos el mundo.

Además de Matías, estaban Lucas, Nano, Facu y Pato, unos locos con mucha onda con los cuales también nos sentimos todas muy cómodas desde un principio. Alan estaba más callado en un rinconcito... con el tiempo nos dimos cuenta que parte de su timidez se destapaba con un poco de alcohol. Pero había alguien más tímido, que con su sonrisa brillante y sus ojazos azules observaba todo desde un sillón... Juani.

Los 8 vecinitos de Villa Crespo fueron la gran compañía de esas mágicas vacaciones donde surgieron muchas risas, donde hubo pequeñas peleas con llanto incluído, tardes enteras de playa y noches sin fín.
Pero lo más importante es que fueron el punto inicial de mi felicidad y de mi calvario, con secuelas que aún hoy me resuenan cuando apoyo la cabeza en la almohada y pienso en Pino.

miércoles, diciembre 2

Nos empezamos a acomodar. La casita era muy linda, con pocos muebles y mucho espacio, un ventanal enorme que daba a la calle y una habitación con 4 camas (por lo que nos fuimos turnando para dormir en el sofá).
Desarmamos valijas, ordenamos un poco, hicimos compras y llenamos la heladera de cervezas y melón (claro, el melón para tomar a lo hawaian).

Fue pasando la tarde, dimos una vueltita por la playa para empezar a tener un panorama de dónde estábamos y así empezar a disfrutar con todo.
De a poco fue anocheciendo, nos bañamos y nos lookeamos bien divas, la primer noche prometía, y mucho.

Mai, así de chiquita e inocente como uno la ve, empezó a jugar a la barman y mezcló en la batidora (que muy precavidas habíamos llevado desde casa) todo lo que iba encontrando para llenar hasta el tope los meloncitos. Pri, como siempre, al mando de la música, hizo que fuéramos entrando en temaNoche.
La nota la tenía que dar Marianelita, que estaba en plena crisis de angustia por no saber qué ponerse, y Lu, que es una santa, le estaba prestando medio placard.

Yo, en mi mundo, hacía bailecitos graciosos al ritmo de los temas que iban pasando, con un vasito de cerveza bien helada en una mano y un desodorante que oficiaba de micrófono en la otra. Pri era mi compañera de dúo. Realmente somos dinamita juntas. Me acuerdo que nos estábamos riendo muchísimo cuando golpearon la puerta (Y sí, la música se debía escuchar hasta en Necochea, y nuestros gritos, un poco más lejos).

Cuando abrí, creí que el universo entero había conspirado a mi favor. El muy hermoso vecino "Pino", con esa sonrisa avasallante, venía en busca de algo.

- Che, la están pasando bien eh.. ¿Quieren venir a tomar algo?
- Estamos haciendo eso.. pasás?- Me incliné como para que entrara, no tenía chance de decirme que no.
- Dale, llamo a los chicos.. está bien?
- Como quieras, que vengan todos!

Al cabo de un minuto teníamos ocho hombres en nuestro departamento, con el triple de botellas en sus manos.
Entre esos ocho estaba ÉL, que no paraba de sonreír, de tirar chistes, y sobre todo, de mirarme. Pero de mirarme de una forma especial, con tanto deseo como nunca antes me habían mirado.
Esa mirada que me cautivó, desde ese entonces y hasta hoy.

lunes, noviembre 30

Aquel verano....

 14 de Enero de 2006.
Priscila - Luana - Maité - Vilibi
... y Marianela (es la prima hermana de Lu, aunque nada tienen en común).
Cuatro amigas (y una acompañante impuesta por ser la dueña del duplex que nos iba a alojar).
VE-RA-NO
Destino: Villa Gesell.
Forma de llegar: Autito Nuevo!

Y sí. 21 años estrenados a la par de un auto estrenado en la ruta.
Noche, playa, mar, hombres, libertad y libertinaje.
¡No podíamos pedir más!

Me acuerdo como si hubiese pasado hace un mes.
Salimos bien temprano, galletitas, anteojos de sol, mucha ropa acomodada en cinco enormes bolsos. Pri era la copiloto, al mando de la música y el set matero.
Yo, al volante. Felíz, como pocas veces me había sentido, con mis ondas al viento, mi pelo recién aclarado y sintiendo pura adrenalina.

Ese día el clima no ayudaba mucho (más bien estaba bastante nublado), pero estábamos seguras que iban a ser las mejores vacaciones de nuestras vidas... A veces pienso que cuanto más chica sos, más felíz te hacen las pequeñas cosas (aunque toda esta experiencia era una graaan cosa).

Llegamos sin problemas, pisando el mediodía. Empezamos a bajar todos los bártulos del baúl mientras nos reíamos a carcajadas vaya a saber de qué.
Maité siempre fue la más chiquita y flaquita de nosotras, por algo se ganó el apodo de lapulgui. Su valija era casi tan grande como ella, por lo que se movió unos pasos y desistió esperando que la ayudemos... Hasta que del dúplex vecino salió uno de esos a los que yo llamo seresconfortaleza (entiéndase que era MUY lindo, MUY llamativo, MUY hombre)....

- Te ayudo Rubia?
- Mmm ah.. ehh...
- Ayudala, porque sino va a caernos la noche sin previa!

Demás está decir que Mai nunca respondió y que la rápida en tirar simpatía fui yo. El muchacho en cuestión sonrió de costado y caminó con pasos chuecos pero firmes hasta alcanzar la valija. La cargó hasta la puerta de entrada como quien lleva una bolsita de plumas y la apoyó a sus pies.

- Gracias che!

Fue la única respuesta de Mai, que empujó con todas sus fuerzas la valija y entró a nuestra morada sin inmutarse.
Yo no. Yo siempre fui la clase de chica linda que le gusta llamar la atención. Y claro está, esta vez no iba a ser la excepción.
De modo interesante cerré el auto, haciendo sonar la alarma. Caminé hasta la entrada muy segura, sacándome los anteojos y lo saludé con un beso en el cachete, como si fuéramos amigos de toda la vida.

- Vilibi, cómo estás?
- Lindo nombre, bastante raro... Soy Sergio y me dicen Pino, por... porque sí (soltó una risita cómplice).
- (Sonreí, solamente por cortesía).. y bueno, por qué no estás en la playa? Qué onda acá? No se está poniendo?
- Iba a hacer eso cuando las vi llegar... Nosotros llegamos ayer (Vilibi piensa en ese nosotros)... bueno, somos 8, más tarde dense una vuelta por el depto y nos conocemos todos!
- Mmmm.. puede ser, quizás necesitemos tu ayuda para varias cosas... pero por el momento, te dejo que vayas a tomar sol (risita... ya me estaba yendo de tema)
- Dale, nos vemos... Vilibi... difícil, pero no hay manera de que me olvide de ese nombre y esa cara eh
- Jaja, hasta luego entonces, no? Pino!

Al segundo cerré la puerta. Al menos el primer paso estaba dado.
Contacto con los que después serían nuestros vecinos/amigos de los 15 días de vacaciones. Llamar la atención de ese hombre que ya había tocado en la tecla de activación de seducción.
Sin darme cuenta, ya había empezado a fijar un objetivo en Pino, cosa que con el tiempo iba a traerme tantas satisfacciones como alegrías...